Se ha considerado tradicionalmente el 15 de febrero de 1547 como la fecha de fundación de la congregación irapuatense. La ocupación española de este suelo se hizo por la parte noroeste de la congregación en 1548 cuando el virrey Antonio de Mendoza otorgó tres estancias de ganado, correspondientes a las actuales comunidades de La Calera, Lo de Sierra y Temascatío. Para el siglo XVIII, Irapuato logra convertirse en un punto importante de intercambio comercial con la capital de la Nueva España.

La principal actividad económica desarrollada en los siglos XVII y XVIII se concentró en la producción de cereales como maíz, trigo, garbanzo y chile. Llegando el siglo XIX esa vocación agrícola logró adecuarse a una nueva tradición productiva que fue la manufactura y la industria.

Durante Ia segunda mitad del siglo XIX se trazaron las líneas del ferrocarril, que atravesó Ia República para compartir sus beneficios. Irapuato fue el centro a donde llegaban y se distribuìan las vías, tanto al norte como al occidente y sur de la nación.

Irapuato se ubica en la parte central del Estado de Guanajuato. Considerado centro natural de negocios y ciudad apta para el desarrollo de empresas, su localización geográfica, vías de comunicación, clima templado, mano de obra calificada, comercio y servicios, lo hacen el epicentro del desarrollo regional.

El vocablo Irapuato, según los dedicados al estudio de los nombres y lugares –toponimia—aceptan que tiene su origen en la lengua tarasca, con lo cual se abre una gran puerta a la posibilidad existente de que esta zona haya nacido bajo el influjo cultural de este señorío vecino a la región nuestra.

Para el Profesor José Corona Núñez, historiador, y especializado en toponimia tarasca, así como para el Diccionario de Otero de Lengua Tarasca, el vocablo Irapuato se compone de los siguientes elementos gramaticales:

“IRAPE” que significa CERRO QUE EMERGE
“HUATA” que significa GRANDE LLANURA
“TO” como locativo de LUGAR

Así, Irapuato, significaría “CERRO QUE EMERGE EN LA LLANAURA GRANDE” y puede interpretarse en referencia al cerro de Bernalejo, en su casi colindancia con el cerro de Arandas, el cual, siendo el más notable accidente geográfico local, la tradición lo relaciona con los primeros moradores del lugar quienes lo podrían haber usado como centro ceremonial.